5 de julio: el momento de ser patriotas ante la doble usurpación en Venezuela
A 215 años de la Declaración de la Independencia de Venezuela, esta fecha nos recuerda que la República nació de un acto de desconocimiento político. Antes del 5 de julio de 1811 estuvo el 19 de abril de 1810, cuando Caracas rechazó la autoridad del capitán general Vicente Emparan y abrió el camino hacia la ruptura definitiva con el poder español.
Resulta tan curiosa como paradójica la forma en la que el chavismo hizo todo un camino apoderándose de nuestros héroes y símbolos patrios para partidizarlos y para justificar cualquier atrocidad cometida a lo largo de más de un cuarto de siglo. Y digo que esto es paradójico porque terminan siendo esos mismos elementos a los que el venezolano está llamado a defender, siguiendo “el ejemplo que Caracas dio” el 19 de abril, convertido en ruptura formal el 5 de julio del año siguiente.
Ese patriotismo hoy tiene una expresión constitucional concreta: el derecho del pueblo venezolano a desconocer a cualquier autoridad que contraríe los valores democráticos y menoscabe los derechos humanos, como establece el artículo 350 de la Constitución.
Y entiéndase que no me refiero a ese falso patriotismo que creó el régimen y que terminó vaciado de toda ideología para convertirse en una mafia en el poder —el sueño de cualquier bandido hecho realidad—. Eso fue el más descarado oportunismo, uno que enquistó una profunda corrupción sistémica y terminó en lo que hoy vemos entre los escombros: un país en ruinas, expuesto brutalmente por las devastadoras consecuencias del doblete sísmico del 24 de junio.
Luego del 3 de enero y la captura del dictador Nicolás Maduro, vengo diciendo que llegó el momento de ser patriotas. Y no lo digo bajo el haz de ninguna ideología ni partido político. Eso, en este momento sería un despropósito, ya que es justamente la falta de República lo que no admite posiciones tibias. Perdimos la República por la que nuestros próceres lucharon, perdimos la independencia y la libertad.
En nuestro país hoy en día existe un régimen criminal, una mafia violadora de derechos humanos, asesina y corrupta. Se trata de una dictadura no convencional doblemente ilegítima, o mejor dicho, con una carga doble de usurpación si es que estos términos tienen algún tipo de cabida en el argot legal, que muy probablemente no admite este tipo de aberraciones políticas y por lo tanto no están ni tipificados ni establecidos de ninguna forma en la ley. ¿Por qué lo digo? Pues, como dicen los abogados: es público y notorio.
Paso, entonces, a refrescar algunas memorias en el norte, ya que como si no fuera suficiente, tenemos a una mafia en el poder tutelada por Estados Unidos. Quizás muchos gringos ignoran esto que diré.
El 28 de julio de 2024, el régimen en aquel entonces encabezado por Nicolás Maduro —hoy detenido en una cárcel federal de Nueva York— decidió robarse unas elecciones presidenciales, en las que por primera vez se demostró su derrota con las actas publicadas gracias a todo el trabajo del equipo de María Corina Machado y sus aliados. Se consumó la primera usurpación con la posterior toma de poder en enero de 2025. Hasta ahí, creíamos que teníamos a Donald Trump de nuestro lado, muy radical contra el comunismo y el socialismo del siglo XXI de Venezuela.
Muchos hicieron presión —y lobby— para que entraran los marines, capturaran al dictador y se recuperara la libertad. Era el sueño húmedo venezolano. ¡Y pasó! Bueno, al final terminaron siendo los de la Delta Force del Ejército quienes se lo llevaron. Pero hasta ahora no solo no se ha recuperado la libertad, sino que el captor (Trump) se alió con la continuidad del mismo régimen, ahora personificado por Delcy Eloína Rodríguez, su hermano Jorge y Diosdado, sobre cuya cabeza pesa una recompensa de USD $25 millones. Con la paradoja actual de que hay militares en terreno (boots on the ground), claro, con la justificación humanitaria, pero aun así no le tocan un pelo a Cabello —“por ahora”, como dijo el difunto—.
Delcy, no olvidemos, era la vicepresidenta de Maduro. Sí, el mismo régimen (Cartel de los Soles) designado por Washington como una Organización Terrorista Extranjera (FTO, por sus siglas en inglés). Ya sabemos que decidieron priorizar una supuesta estabilidad y recuperación que no son tales porque dejaron por fuera de la ecuación a la voluntad popular. ¡Craso error!
Y no es una equivocación pequeña porque la legitimidad no se compra en la bodega o en un 7-Eleven, para que nos entiendan nuestros amigos gringos. Y esto nos lleva a la segunda forma de usurpación que se terminó de consumar este 2 de julio si se cuenta desde la captura de Maduro, pues según la Constitución y su artículo 234 el plazo máximo de 180 días de su interinato, en palabras llanas, se le acabó a la señora, si es que se puede llamar así.
El tema es que ellos no han respetado las leyes, sino que las han amañado y adaptado a su antojo para justificar todo, así como ahora se inventaron el término “falta forzosa” para no caer en las únicas ausencias presidenciales que sí establece la Carta Magna: temporal o absoluta. Esto último me lo confirmó esta semana en entrevista el abogado y exgobernador del Táchira, César Pérez Vivas, quien también me dijo que con esta artimaña lo que buscaban era perpetuarse en el poder al estilo cubano.
Luego de la primera usurpación, el pueblo se alzó, salió a las calles y se produjo la rebelión del 29 de julio. El régimen respondió con represión, disparos y cárcel contra quienes se atrevieron a desafiarlo. Hubo muertos, presos, perseguidos y una enorme frustración colectiva. Ahora, esta segunda usurpación ocurre en circunstancias distintas, pero quizá más explosivas: en medio de una tragedia natural que no solo dejó muerte, destrucción y familias enteras bajo los escombros, sino que terminó de desnudar la incapacidad del Estado. Mientras el régimen insiste en vender una respuesta eficiente, los testimonios desde las zonas afectadas han hablado de retrasos, comunidades sin ayuda en las primeras horas cruciales, civiles organizando rescates, falta de maquinaria pesada y víctimas obligadas a buscar por sus propios medios a sus desaparecidos. Ocurre, además, con efectivos estadounidenses en territorio venezolano y miles de personas que ya no tienen más que perder, porque lo perdieron todo. El terremoto no politizó la tragedia: reveló que la tragedia ya era política, porque un Estado secuestrado, corrupto y propagandístico no puede proteger a su gente ni siquiera cuando más lo necesitaba, cuando la tierra se abrió.
Ya el pueblo ha empezado a expresarse en protestas pacíficas de diferentes sectores de la sociedad civil e incluso algunos piden una junta de gobierno, mientras se convocan a elecciones, pues legalmente, no hay autoridad. Ahora, lo que me pregunto es: ¿en esta ocasión qué harán si la gente insiste en tomar las calles y rebelarse amparados por la Constitución y seguir el ejemplo que Caracas dio en 1810, plasmado en una declaración un año después, el 5 de julio de 1811? ¿Van a volver a reprimir? ¿Lo va a permitir o apoyar EE. UU.?
Con Pérez Vivas hablé precisamente de otro artículo de la Constitución y le pregunté cómo lo leía él un día después de que se cumpliera la fecha tope, porque lo entrevisté este 3 de julio. Me refiero al 350 que dice:
“El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”.
Su respuesta no dejó lugar para confusiones o malosentendidos. Creo que se apega a ese patriotismo del que vengo hablando al inicio de este artículo, el mismo patriotismo que tiene que terminar de demostrar Machado con su regreso a Venezuela, contra viento y marea.
¿Cómo lo lee?, lo increpé.
– “Como un derecho”, me respondió y prosiguió: “el texto es inocultable, es claro y quienes leemos castellano, entendemos claramente que tenemos que desconocer obviamente a quien está ejerciendo la usurpación”.
Ahora, quiero agregar, a propósito de esta fecha patria, que no solo no tenemos independencia porque el régimen la secuestró y, además, permitió que otras potencias extranjeras vulneraran nuestra soberanía entregando nuestros recursos y abriendo el territorio a enemigos de la Nación. No tenemos independencia porque perdimos la República, que en nuestro caso sí fue establecida precisamente con un proceso independentista. Sino que tampoco tenemos independencia, porque por encima del régimen doblemente usurpador también tenemos un tutelaje de EE. UU., que lejos de ayudarnos a recuperar esa independencia, no ha puesto hasta ahora como prioridad la transición hacia la democracia y defiende a la misma mafia a la que le capturó la cabeza jugando a una supuesta recuperación y estabilidad, que como decía líneas atrás, no pueden ser posibles bajo la usurpación del poder y dejando por fuera a la voluntad popular.
Así pues, cuando escuchamos a un encargado de negocios de EE. UU. en Venezuela como Jon Barrett decir que hay transparencia por parte del régimen en sus conversaciones y a un Trump repitiendo que, a pesar de los terremotos la gente “está feliz” y “bailando en las calles”, mientras que no pierde oportunidad para decir que han extraído millones de barriles de petróleo, nos queda claro que la gente no ha sido la prioridad y que los acuerdos entre cúpulas han prevalecido por encima de la población. Así que nos corresponde a los ciudadanos venezolanos activar los mecanismos legales para alzar la voz y exigir una verdadera independencia y plena libertad para refundar la República.
¡Es el momento de ser patriotas! ¡Así lo digo!
