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Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas: Raquel Reyes, una mujer Jivi que educa, preserva y siembra futuro en la Amazonía

En la comunidad indígena de La Reforma, en el estado Amazonas, a orillas de los saberes que han recorrido generaciones del pueblo Jivi, Raquel Reyes aprendió desde niña que la cultura no se hereda únicamente a través de las palabras. Se transmite en el trabajo diario, en el cultivo de la tierra, en la preparación del casabe, en la elaboración de una pieza de cerámica y en el respeto por la naturaleza. Hoy, con 38 años, es agricultora, ceramista y docente intercultural, y dedica su vida a mantener vivo ese legado en las nuevas generaciones.

En el marco del Día Internacional de las Mujeres y Niñas Indígenas, una fecha reconocida por las Organización de las Naciones Unidas para honrar el papel fundamental que desempeñan las mujeres y niñas indígenas en la defensa de los derechos colectivos, la preservación de los conocimientos ancestrales, las culturas y los territorios indígenas. Esta conmemoración también rinde homenaje a Bartolina Sisa, lideresa indígena aymara de Bolivia, símbolo de resistencia contra el colonialismo y de la lucha por la defensa de los pueblos originarios; en este contexto la historia de Raquel proyecta la fortaleza, el liderazgo y la resiliencia que caracterizan a las mujeres indígenas de la Amazonía.

Cuando Raquel habla de su identidad, lo hace con orgullo. Recuerda que desde pequeña recibió de sus padres enseñanzas basadas en el respeto, los valores comunitarios y los conocimientos propios de su cultura. Aquella formación se convirtió con el tiempo en la base de su trabajo como educadora y de su compromiso con la preservación cultural. Para ella, ser una mujer Jivi significa asumir la responsabilidad de transmitir a sus hijos y a sus estudiantes aquello que le enseñaron sus mayores.

Entre esos conocimientos ocupan un lugar especial los saberes ancestrales vinculados a la naturaleza. Raquel habla de la etnomedicina, que aprovecha las propiedades de las plantas medicinales cuando la atención médica se encuentra distante, pero también de la etnomatemática, un enfoque que reconoce las formas en que los pueblos indígenas desarrollan y aplican conocimientos matemáticos a partir de sus prácticas culturales y su relación con el entorno. En el pueblo Jivi, estos aprendizajes se expresan en la cestería, la construcción tradicional, la artesanía y otras actividades donde las formas geométricas, las medidas y los
patrones son parte de la vida cotidiana.

Para Raquel, la educación cobra sentido cuando conecta los contenidos académicos con la experiencia diaria de los niños y niñas. Por eso, en sus clases no se limita a enseñar conceptos abstractos. Una vivienda tradicional puede convertirse en una lección sobre geometría; una pieza de cerámica, en una

experiencia artística; y el proceso de elaboración del casabe, en una oportunidad para aprender sobre la agricultura, el territorio y la cultura. De esta manera, las y los estudiantes descubren que el conocimiento está presente en todo aquello que forma parte de su identidad.

Su labor educativa también está profundamente ligada a la defensa del ambiente. Cuando enseña a obtener tintes naturales para pintar artesanías o cerámicas, explica a sus estudiantes que los árboles no deben cortarse innecesariamente y que los recursos de la naturaleza deben utilizarse con respeto y pensando en el
futuro. Son enseñanzas sencillas que, al mismo tiempo, fortalecen una visión de conservación y cuidado del territorio amazónico.

La experiencia de Raquel también refleja una realidad reconocida a escala internacional. Las Naciones Unidas declararon 2026 como el Año Internacional de la Agricultora, una iniciativa que destaca el aporte fundamental de las mujeres a la seguridad alimentaria, la conservación de los territorios y el desarrollo rural, al
tiempo que llama la atención sobre las brechas y desigualdades que aún enfrentan. En la Amazonía venezolana, este reconocimiento adquiere una relevancia especial, pues las mujeres indígenas no solo participan activamente en la agricultura y el sostenimiento de sus familias, sino que además custodian conocimientos ancestrales, contribuyen a la conservación de la biodiversidad y fortalecen la soberanía alimentaria de sus comunidades.

La transmisión de conocimientos, asegura, es una de las contribuciones más importantes que realizan las mujeres y niñas indígenas. Son ellas quienes mantienen vivas las lenguas, los cantos, los cuentos, la gastronomía y las historias que conectan a las comunidades con sus raíces. En cada relato compartido por
una madre o una abuela, en cada canción enseñada a las más pequeños y en
cada práctica cultural preservada, se fortalece la continuidad de la memoria
colectiva de los pueblos indígenas.


Sin embargo, Raquel también observa desafíos. Uno de ellos es evitar que las nuevas generaciones pierdan el vínculo con su idioma y su cultura. Considera que las tecnologías digitales pueden convertirse en aliadas para fortalecer la identidad indígena, permitiendo crear espacios educativos donde niñas y niños aprendan palabras, números, colores y expresiones en sus propias lenguas. Para ella, la clave está en utilizar estas tecnologías sin dejar atrás las raíces culturales.

La inspiración que hoy transmite a sus estudiantes tiene profundas raíces familiares. Habla con emoción de su madre, la artesana Olga Reyes, reconocida por sus aportes al desarrollo de la cerámica tradicional en La Reforma. A pesar de las dificultades que enfrentó durante su vida, logró convertirse en una referencia para la comunidad y transmitir a sus hijas e hijos conocimientos que siguen vigentes. Esa herencia cultural es, para Raquel, una demostración de cómo las mujeres indígenas han sostenido la continuidad de sus pueblos a través del tiempo.

La comunidad indígena de La Reforma, ubicada en la Zona Protectora de la Cuenca Hidrográfica del río Cataniapo, en el Amazonas venezolano, forma parte de las comunidades priorizadas por el Proyecto Gestión Integrada del Bioma Amazonas. Esta iniciativa es impulsada por la Gobernación del estado Amazonas
y ejecutada por el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo, con asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés).

En articulación con esta localidad, se desarrollan acciones de restauración ecológica y fortalecimiento de medios de vida sostenibles. En este contexto, los conocimientos y experiencias de mujeres como Raquel Reyes constituyen un aporte fundamental para la conservación de la biodiversidad, la transmisión cultural y la construcción de alternativas sostenibles para las familias amazónicas.

Al final de la conversación, su mensaje resume el significado de esta fecha conmemorativa. Recuerda que hubo tiempos en que las mujeres indígenas fueron invisibilizadas y excluidas de muchos espacios. Hoy, afirma, las cosas están cambiando. Las mujeres indígenas alzan su voz desde la educación, la agricultura, la artesanía, la cultura y el liderazgo comunitario para reivindicar su lugar en la construcción del futuro de sus pueblos.

“Estoy presente. Estoy presente a través de los cantos, de la agricultura, de la
artesanía y en diferentes ámbitos sociales. Soy mujer indígena y soy orgullosa de
ser indígena”, expresa.

La historia de Raquel Reyes demuestra que la defensa de la cultura y del territorio no siempre ocurre en los ámbitos de mayor reconocimiento público. A veces nace en un aula comunitaria, en una canción enseñada a una niña, en el moldeo amoroso de una pieza de cerámica o en una palabra en lengua indígena. Son
esos gestos y acciones cotidianas las que mantienen viva la memoria de los pueblos y siembran futuro en la Amazonía.

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