¿Y si para Silicon Valley la extinción del ‘Homo sapiens’ fuera un ‘daño colateral’ aceptable?
El transhumanismo es una corriente filosófica y cultural que sostiene que la tecnología debería permitir superar las limitaciones biológicas del ser humano. Sus defensores plantean utilizar los avances en inteligencia artificial, biotecnología, ingeniería genética, neurotecnología y otras tecnologías para ampliar radicalmente nuestras capacidades físicas y cognitivas.
De igual manera, prevén retrasar o eliminar el envejecimiento y transformar profundamente la naturaleza humana.
En sus versiones más extremas, el transhumanismo contempla incluso la posibilidad de sustituir progresivamente al ser humano biológico por formas de existencia posthumanas, incluidas eventuales superinteligencias artificiales.
Las trampas del ‘largoplacismo’
Por su parte, el altruismo eficaz es una corriente filosófica que propone utilizar la evidencia, el razonamiento y el análisis coste-beneficio para determinar qué actuaciones pueden generar mayor valor. Una de sus derivaciones es el “largoplacismo”, que lleva la perspectiva del altruismo efectivo mucho más allá del presente y concede una importancia extraordinaria al bienestar de las generaciones posthumanas futuras —tanto biológicas como digitales— y a la cantidad de “valor” que estas podrían aportar en un futuro lejano.
