Una fortuna bien vale una «Jugada Maestra»
Por: Eduardo Chapellín
A veces se ven muertes sospechosas de magnates y sus herederos directos en la vida real, que te ponen a pensar que el dinero no lo es todo, pero como ayuda. Uno muy sonado fue el de la chica “Playboy” Anna Nicole Smith, quien se casó con 26 años con un multimillonario de casi noventa.
Por supuesto que el marido falleció y la joven viuda quería su parte, pero los hijos del viejo pelearon la herencia y la mujer no obtuvo un centavo, pero seguía su disputa legal y al final, hace casi dos décadas, murió en extrañas circunstancias, al igual que su hijo mayor… Sobredosis en ambos casos señalaron los informes forenses… pero siempre quedó la duda.
Con este tipo de antecedentes, va la historia de Jugada Maestra, dirigida por John Patton Ford, quien se inspiró en el guión de la cinta de comedia negra británica Ocho sentencias de muerte (1949), “pero la mía es una versión más rimbombante y norteamericana”, como citó Patton.
El cuento se centra en Becket Redfellow (Glen Powell), un hombre que fue desheredado antes de nacer por su familia que maneja 28 billones de dólares. Su madre ante la muerte súbita del padre, cría a Becket en un estilo elitesco… pero sin real. Sin embargo, la madre fenece por cáncer cuando todavía era niño y cuando es adulto, Becket se centra en «cobrar» la herencia que le corresponde… pero deberá deshacerse de unos tíos, primos y su abuelo déspota.
Así transcurre este reclamo, pero en su objetivo aparecen dos mujeres con visiones de la vida distintas, que ponen a dudar a Becket y a ver los pro y contra de lo que está haciendo. Y en ese devenir en los 105 minutos de película, la ironía, la excelente fotografía, actuaciones convincentes y un guión que busca poner al victimario como víctima, hacen de Jugada Maestra una excelente alternativa para quienes gustan del humor negro, los policiales y el suspenso.
