«Ely Gómez» La pequeña bailarina que comienza a brillar
Ely Gómez comenzó a formarse antes de cumplir tres años y hoy combina sus estudios escolares con una exigente preparación artística. Su talento, disciplina y destacada participación en competencias la perfilan como una bailarina con un futuro prometedor. «Yo en verdad empecé el ballet porque lo quería intentar. Un día mis papás me trajeron, hice mi primera clase y me encantó», recuerda con la naturalidad y dulzura propias de su edad.
Hoy, el ballet ocupa un lugar fundamental en su vida. Su rutina exige una organización poco habitual para una niña de su edad: asistir al colegio durante seis u ocho horas, según el día, y trasladarse después directamente a la academia para continuar su formación. Su preparación incluye sesiones de entrenamiento personalizado o coaching de ballet clásico y contemporáneo, clases grupales, trabajo de técnica clásica y preparación física. .¿Y cómo logra cumplir con tantas responsabilidades? Ely dice que aprovecha cualquier momento disponible para hacer sus tareas escolares.
Una formación que se construye paso a paso
A pesar de su corta edad, su preparación ya contempla el aprendizaje de la técnica de puntas, una de las etapas más exigentes de la formación en ballet clásico. Actualmente recibe clases para familiarizarse con las zapatillas y desarrollar las destrezas necesarias para utilizarlas correctamente, aunque todavía no realiza coreografías completas sobre ellas. Entre sus próximos retos está una presentación grupal en diciembre, en la que tendrá la oportunidad de incorporar el trabajo de puntas a una pieza coreográfica.
Al preguntarle que le gustaría bailar? Responde que sueña con interpretar la variación «Arlequinada», que le atrae por su ritmo, sus pasos y su técnica. También Baile de Graduados, por sus características coreográficas.
El escenario: entre los nervios y la emoción
Subirse a un escenario representa una experiencia especial para esta pequeña artista. Aunque reconoce que siente nervios antes de bailar, especialmente cuando participa en competencias, también disfruta profundamente el momento de presentar el resultado de su preparación. «Me siento nerviosa, pero también me gusta lo que hago. Es algo muy emocionante», dice.
Ely comenta que uno de los mayores retos que ha enfrentado durante su preparación ha sido mejorar el equilibrio, perfeccionar la técnica y conseguir que sus movimientos dejen de ser simplemente mecánicos para convertirse en una expresión artística. «Antes lo hacía como muy rústico», explica al recordar su proceso de aprendizaje. Ahora comprende que bailar también significa sentir, interpretar y comunicar a través del cuerpo.
Recientemente participó en Pura Danza Oriente, donde obtuvo dos primeros lugares, mención oro y el reconocimiento a la mayor puntuación, confiesa que pensó que no conseguiría la medalla de oro. Los nervios eran tantos que sentía cómo le temblaba el cuerpo sobre el escenario e incluso llegó a pensar que había olvidado parte de su presentación. Sin embargo, el resultado terminó superando sus propias expectativas. Su participación incluyó las piezas «Pequeñas Sílfides» y «Pinceladas », dos experiencias que recuerda con especial cariño y que disfrutó por igual. También tuvo la oportunidad de trabajar una propuesta de danza creativa dentro del repertorio clásico, que le exigió aprender a soltarse y desarrollar una mayor libertad de expresión.
Una promesa que comienza a escribir su historia
Su historia es también un reflejo del trabajo que se desarrolla en el Ballet de la Mar, donde la formación artística y el acompañamiento pedagógico permiten que niños y jóvenes descubran y desarrollen su potencial. A sus ocho años, todavía tiene un largo camino por recorrer, muchas variaciones por aprender y numerosos escenarios por conquistar.
Estas experiencias representan mucho más que reconocimientos: son parte de un proceso de crecimiento continuo. Ahora, entre sus nuevos y más ambiciosos proyectos se encuentra su preparación para asistir al prestigioso festival internacional Tanzolymp en Berlín, Alemania, una oportunidad que proyectará su talento más allá de nuestras fronteras. Las grandes historias del ballet también comienzan con pasos pequeños, y en el Ballet de la Mar, una de esas historias ya está en movimiento.
