Sociales

Ante la tragedia del doble terremoto de Venezuela la sociedad civil se impuso a un Estado ineficiente

Dolor, frustración, angustia, miedo… han sido muchas de las reacciones y sentimientos surgidos y padecidos a raíz del doble terremoto acaecido en Venezuela el pasado 24 de junio, con mayor severidad en Caracas y La Guaira.

La devastación, muertes y daños producidos en esta ciudad costera, nuestras playas de paseos infantiles, juveniles, o familiares, ha sido documentada por los propios afectados y cientos de voluntarios a través de dolorosas imágenes y videos subidos a redes sociales y transmitidos en tiempo real de celular en celular gracias a la moderna tecnología de nuestro mundo hoy día, expresa un comunicado de prensa de la ONG Conciencia es Dignidad, integrada por juristas de España, Venezuela y otros países, con sede en Madrid.

Dice el comunicado: “La tragedia mostró la incapacidad de quienes detentan el “gobierno”, y contrapuestamente, por otro lado, la dignidad, fortaleza y solidaridad de una ciudadanía empática que, literalmente, removió toneladas de escombros y salvó vidas “con sus manos”. Resultan muchas -demasiadas- las carencias, negligencias, falta de previsión, y ausencia de planes y organismos de prevención y de contingencia por parte de quienes supuestamente gobiernan, amén de su responsabilidad por el previo descontrol en el levantamiento de edificaciones públicas y privadas que no soportaron el embate sísmico, aparentemente por no haber considerado las variables urbanísticas y de seguridad estructural requeridas, especialmente después de la tragedia de la misma zona en 1999“.

Más adelante expresan los juristas de la ONG que también brilló por su ausencia la fuerza armada nacional (así, en minúsculas) y resaltó la actuación descoordinada y obstructiva de los pocos organismos policiales que se apersonaron tardíamente, para ser captados videográficamente robando enseres, electrodomésticos o saqueando locales comerciales. Posiblemente estamos en presencia de graves delitos de homicidios, lesiones u omisión de socorro, cometidos por los responsables gubernamentales con “dolo eventual”, o con negligencia criminal, como dicen los anglosajones expertos en jurisprudencia. 

En contrapeso y como señales de esperanza, se destaca la acción determinada de la población civil, local y foránea, que mostró su humanidad y civismo, levantando escombros, socorriendo a los lesionados y acopiando ayuda para los enfermos y damnificados, dentro y fuera del país. Entre esos actos de heroicidad, empatía y pronta resiliencia, hay eventos que llaman sobradamente la atención y son dignos de análisis, como las diversas situaciones en las que agentes policiales armados y uniformados fueron sorprendidos y encarados, intentando robar dinero en efectivo (dólares) conseguidos entre las ruinas. Lo que sorprende, por supuesto, no es la impúdica felonía de los uniformados, ni su falta de humanidad, ni la consumación pública de un delito agravado por estarse “aprovechando de las facilidades que le ofrecían algún desastre, calamidad, perturbación pública o las desgracias particulares del hurtado” cometiendo el delito de “hurto calificado” sancionado con pena de prisión de cuatro (4) a ocho (8) años por el Código Penal venezolano (art. 453.2). El rapaz latrocinio propio de un Estado devenido en cleptocrático, lamentablemente, es la constante y lo “normal” en Venezuela. Y dadas las características de un estado fallido como el que ostenta el poder en Venezuela es difícil saber si se impondrá la ley contra los que la infringen descaradamente.

Lo que principalmente resalta Conciencia es Dignidad es la actuación de la ciudadanía venezolana: “Lo que es realmente sorprendente, esperanzador y harto demostrativo de la calidad del gentilicio venezolano, es su sentido de la ética y de la moral, son esas mismas imágenes y videos que muestran en varias ocasiones y lugares diferentes a una población indignada, rodeando y encarando a los funcionarios policiales que pretendían “llevarse la evidencia” (no se sabe de qué, distinto a su propio crimen), exigiéndoles y obligándolos a romper los billetes que representaban cientos o miles de dólares encontrados dentro de los escombros de viviendas destruidas, seguramente pertenecientes a víctimas fallecidas”. Una población hambrienta, golpeada material y psicológicamente por el terremoto y sus consecuencias, y sin duda, carente de recursos económicos, interpelando, confrontando y obligando al “vil egoísmo” para que destruyera públicamente unas divisas, que bien (o mal) podían haberse repartido entre los presentes o ser destinadas para ayudar a las víctimas.

Al contrario, el “botín” mal habido fue protegido de los ladrones uniformados del régimen y al tiempo, repudiado y destruido por los grupos ciudadanos. Esto nos recuerda a la Obra de Lope de Vega ¡Fuenteovejuna!

Como si rompiendo los billetes se hiciera justicia, o cuando menos, pudiera reivindicarse que la dignidad y la humanidad no tienen precio, ni se negocian en la adversidad por el miedo o la necesidad. Los ciudadanos venezolanos, entre los que sobresalían las voces y la autoridad femeninas, a diferencia de los funcionarios, demostraron que no usufructúan la carroña, el dolor o la desgracia ajena. Reviviendo ante los ojos del mundo la enseñanza bíblica (Proverbios 10:2): “El dinero mal habido no aprovecha; ser solidario salva de la muerte”, cada uno de los ciudadanos presentes se salvaron de la muerte, de la física, de la ética y de la moral. Y eso es una gran lección en estos tiempos.

Conciencia es Dignidad refirma en su comunicado que “el país requiere reconstrucción estructural, institucional, democrática y también moral. Romper los billetes despreciando el dinero mal habido encierra un claro mensaje, los venezolanos pensamos y actuamos distinto a quienes detentan el poder y seudo gobiernan, no necesitamos escarbar los despojos y miserias de un país en ruina para salvarnos.  También, puede ser un recordatorio a la autoridad tutelar de EE. UU, para que entienda que la estabilidad económica es esencial, pero la reinstitucionalización y devolución de la soberanía a los ciudadanos venezolanos lucen como una prioridad inmediata.   

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