Mundo Diplomático

Caminar a un futuro más cíclico, con menos pérdidas

Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y para las Naciones Unidas en general, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es un objetivo primordial, siempre presente en todas sus acciones. En el calendario de efemérides de la ONU, el 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.

En 2026 las Naciones Unidas dedicó otro día a promover la importancia de reducir la pérdida de alimentos: el 30 de marzo, Día Internacional de Cero Desechos; cuyo lema este este año fue: El desperdicio cero comienza en tu plato, haciendo referencia a los alimentos que se desperdician día a día, y a los mecanismos que podemos poner en práctica para caminar hacia un futuro más cíclico y con menos pérdidas.

Datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés) indican que anualmente en el mundo se desperdician alrededor de 1 000 millones de toneladas de alimentos comestibles, casi una quinta parte de todos los alimentos disponibles para los consumidores. Dicho de una manera más gráfica y explícita, la proporción del desperdicio es igual, por ejemplo, a que si de 50 dólares invertidos, se pierden 10.

Para reducir esa elevada cifra es necesario promover enfoques y acciones más sostenibles basados en la eficiencia, la resiliencia y la sostenibilidad. Para ello, todos los actores de la sociedad: sector público, sector privado, academia, sociedad civil y ciudadanos tiene algo que aportar.

Los gobiernos deben impulsar la prevención del desperdicio de alimentos mediante planes y políticas nacionales; mientras que el sector privado debe establecer objetivos cuantificables de reducción de pérdida alimenticia y mejorar la eficiencia en todas las cadenas de suministro; y los consumidores deben planificar, comprar, almacenar y preparar los alimentos de forma consciente para reducir el desperdicio y ahorrar recursos.

A inicios de 2026, el Ejecutivo Nacional de Venezuela anunció que reformaría un paquete de leyes, entre las que se encuentra Ley de Gestión Integral de la Basura Residuos y Desechos Sólidos, vigente desde diciembre de 2010. Con esta propuesta se busca fortalecer la gestión de las autoridades locales, unificando los procesos de recolección y disposición de desechos sólidos en los 335 municipios que conforman el país.

Consciente de la importancia del manejo de los desechos, el Parlamento venezolano evalúa darle carácter orgánico de a esta ley, basándose en el artículo 203 de la Constitución (que es el que define este tipo de leyes, las que desarrollan derechos constitucionales), con el propósito de que sirva como marco normativo para las ordenanzas municipales que emanen de ella, y que garantizarán el derecho a la salubridad de los ciudadanos en toda Venezuela.

La actualización de esta norma es sin duda una acción desde el sector público que procura establecer enfoques más sostenibles, eficientes, resilientes y sostenibles.

Por otro lado, en Venezuela existe desde 2024 el Banco Alimentar de Venezuela (BAV), una organización sin fines de lucro, que trabaja en alianza con el sector privado, dedicada a rescatar de supermercados y restaurantes alimentos aptos para el consumo, para ser redistribuidos en instituciones sociales como orfanatos, ancianatos y hospitales. Con este tipo de iniciativas se combate el hambre y promueve la seguridad alimentaria, metas previstas en los ODS.

Cifras oficiales de BAV indican que en 2025 se rescataron más de nueve toneladas de alimentos; y en tan solo el primer trimestre de 2026 se recuperaron ocho toneladas. Este acentuado crecimiento en el rescate de alimentos que ha experimentado el Banco Alimentar Venezuela este año, evidencia la conciencia que existe en la sociedad venezolana de la necesidad de disminuir la pérdida de alimentos.

Acciones como estas, acompañado de un coherente y sólido esquema legal, es posible articular entre sectores para reducir las elevadas cifras de pérdidas y desperdicio de alimentos, combatir el hambre existente en todo el mundo y contribuir a que cada vez más personas tengan seguridad alimentaria.

Un futuro sin residuos es posible si trabajamos unidos, si consumimos de forma consciente, recuperamos los excedentes de alimentos y trabajamos para crear sistemas alimentarios circulares. Estas son formas de valorar y no desperdiciar alimentos, para una vida mejor para las generaciones futuras, sin dejar a nadie atrás.

Por Alexis Bonte, Representante de FAO Venezuela

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