Arte y Cultura

Centre Cultural La Nau exhibe «Escrituras fragmentarias». Gesto y memoria de la artista Rossi Aguilar

Por momentos, la historia del arte parece haber sido escrita con una sintaxis excluyente: lineal, jerárquica, monumental. Frente a esa narrativa hegemónica, el proyecto Escrituras fragmentarias. Gesto y memoria, de Rossi Aguilar, propone otra forma de leer —y de escribir— el pensamiento visual: una escritura hecha de restos, pulsiones, capas y silencios. No como carencia, sino como método.

La exposición, presentada en la Sala Oberta del Centre Cultural La Nau, se articula desde la abstracción como un territorio donde el pensamiento se manifiesta sin necesidad de palabras. Aguilar parte de una premisa tan sencilla como radical: pensar no es únicamente un acto lingüístico, sino también corporal. El gesto pictórico, insistente y a veces contenido, se convierte así en una forma de conocimiento que emerge desde lo íntimo para proyectarse en lo colectivo.

La obra que inaugura el recorrido, La Pensadora, activa un diálogo crítico con uno de los grandes iconos del canon occidental: El Pensador de Auguste Rodin (1882). Allí donde la tradición consagró una figura masculina como encarnación universal del intelecto, Aguilar desplaza la pregunta hacia los márgenes: ¿dónde han pensado —y desde dónde— las mujeres a lo largo de la historia? Como un Sísifo contemporáneo, su figura carga con siglos de saber acumulado mientras se interroga por su lugar en el relato histórico. Detenida ante la puerta del infierno —ese espacio simbólico al que tantas creadoras han sido relegadas—, la obra plantea una cuestión incómoda y persistente: ¿dónde descansan las teóricas y artistas?, ¿quién las ve?, ¿quién las nombra?

Una poética del gesto como pensamiento

La pintura de Rossi Aguilar se inscribe en una tradición de abstracción gestual que entiende el cuerpo como agente epistemológico. En sus lienzos, el pensamiento se despliega como una experiencia física: movimientos, tensiones, acumulaciones cromáticas que no ilustran ideas, sino que las producen. La figuración aparece apenas, y cuando lo hace, actúa como signo de restricción: el cuerpo materializa los límites —sociales, históricos, autoimpuestos— que condicionan la plena externalización del pensamiento.

En este sentido, la artista legitima lo íntimo como espacio de producción de conocimiento. Frente a una historia del arte construida desde lo monumental y lo público, Aguilar ensaya una resistencia silenciosa que dialoga con mujeres artistas y pensadoras desplazadas del relato tradicional. Su gesto pictórico, atravesado por el color, configura una suerte de sororidad abstracta, una red de afectos y memorias que no necesita ser figurativa para ser política.

Fragmentación como método y relato

Lejos de entender la fragmentación como ruptura o pérdida, Escrituras fragmentarias. Gesto y memoria la convierte en una gramática de interconexión. Cada trazo funciona como vestigio, como estrato sedimentado que revela aquello que la linealidad historiográfica suele omitir. Frente a la imagen contemporánea —rápida, digital, repetitiva—, la pintura reintroduce la latencia del cuerpo y la temporalidad del hacer.

Las obras se presentan como archivos en tránsito, palimpsestos donde conviven memorias personales, resonancias colectivas y referencias a una genealogía interrumpida de mujeres artistas. Aquí, la materia y el color no operan como ornamento, sino como escritura. Pintar es inscribir, pero también recordar; es dejar constancia de una presencia que se resiste a desaparecer.

Cuerpo, archivo y responsabilidad poética

El cuerpo ocupa un lugar central en el imaginario visual de Aguilar. A veces aparece como sombra, otras como huella desbordada, pero siempre como agente activo. Sus gestos, que en etapas anteriores podían leerse como impulsivos, se han decantado ahora en un abecedario caligráfico propio, un sistema de signos que atraviesa toda la muestra. En él resuenan presencias múltiples: abuelas, compañeras, figuras históricas silenciadas. De esa acumulación emerge una ética de la responsabilidad hacia lo compartido y hacia aquello que la historia ha dejado fuera de campo.

Las obras se conciben como fragmentos de un continuo. El soporte fija un momento, pero la narrativa permanece abierta. Lienzo, papel y madera funcionan como superficies de inscripción que preservan la textura de lo inacabado, como cuadernos o tablillas de una escritura en proceso. La materia pictórica, aplicada en capas, adquiere un carácter simbólico: fragilidad y resistencia, opacidad y revelación.

Un proyecto con raíz en la investigación

El proyecto expositivo se inscribe en un contexto de investigación académica que refuerza su dimensión crítica. Escrituras fragmentarias. Gesto y memoria dialoga con el proyecto ArthistFEM-2, desarrollado en el marco del programa Residir en la Investigación del Vicerectorat de Cultura i Societat de la Universitat de València, con el respaldo de la Generalitat Valenciana. Esta iniciativa se dedica a recuperar, documentar y analizar la producción intelectual y artística de mujeres que contribuyeron a la construcción de la historia del arte en España.

Este entorno universitario convierte la muestra en un espacio fértil de cruce entre creación, historiografía y crítica. Aguilar entiende que la obra, una vez fuera del estudio, se activa en la mirada del otro: desde la lectura académica hasta la experiencia del visitante que se enfrenta por primera vez al gesto pictórico.

Leer la historia desde sus bordes

En última instancia, Escrituras fragmentarias. Gesto y memoria invita a reconsiderar la fragmentación no como herida, sino como posibilidad; no como fallo, sino como relectura. Rossi Aguilar abraza la incomodidad como motor discursivo y desestabiliza lo estético para activar nuevas conversaciones. Su pintura, cercana a lo performativo, reivindica la potencia del arte como forma de pensamiento y como herramienta crítica frente a las jerarquías del relato histórico.

Mar Lloret Estrada y Natalia Polo Chocano, comisarías de arte e investigadoras del Departament d’Història de l’Art de la Universitat de València, y Argenis Bravo periodista y gestor cultural.

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