Mundo Diplomático

El fraude pesquero avanza por mercados y restaurantes del mundo

La quinta parte de la captura pesquera mundial es objeto de fraudes que adulteran los productos y se extienden por mercados, tiendas de alimentación y restaurantes, reveló un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) divulgado este martes 10.

Si bien no existe una estimación oficial de la prevalencia del fraude en el sector mundial de la pesca y la acuicultura, valorado en 195 000 millones de dólares, estudios empíricos sugieren que 20 % del comercio de sus productos puede estar sujeto a algún tipo de fraude, según la FAO.

Algunos estudios sugieren que hasta 30 % de los productos del mar pueden estar mal etiquetados en los restaurantes, y el informe cita casos de todo el mundo, desde puestos de ceviche en América Latina y restaurantes de mariscos en China hasta productos de atún enlatado en la Unión Europea.

El fraude pesquero se define en el informe, titulado “Fraude alimentario en el sector pesquero y de la acuicultura”, como “una práctica deliberada destinada a engañar a otros” y supone riesgos para la biodiversidad, la salud humana o los sistemas económicos.

Los incentivos económicos son el factor más extendido del fraude pesquero.

Por ejemplo, la venta de salmón del Atlántico, casi en su totalidad de cultivo, como salmón del Pacífico, mayoritariamente capturado en estado salvaje, proporciona un beneficio de casi 10 dólares por kilogramo.

Algunos fraudes ocurren para ocultar la procedencia geográfica de un producto o para suprimir pruebas de desembarques que exceden la cuota, lo que puede plantear riesgos para la sostenibilidad de las poblaciones de peces.

La lubina de piscifactoría, etiquetada como local de Italia, se vende a un precio entre dos y tres veces superior al del mismo pescado originario de Grecia o Turquía, e incluso más si se vende como de captura silvestre.

La lista de las principales categorías de fraude pesquero comienza con añadir agua a los productos no procesados para aumentar el peso y el precio.

Le siguen la adulteración (adición de colorante para que el atún parezca más fresco), la falsificación (camarones de imitación elaborados a partir de compuestos a base de almidón) y la simulación (envasado de surimi para que parezca carne de cangrejo).

Luego están el desvío (distribución de productos legítimos fuera de sus mercados previstos), el etiquetado incorrecto (afirmaciones incorrectas sobre la sostenibilidad, los orígenes e incluso sobre la fecha de caducidad), y la sobreexplotación (que implica sobrepesca).

Le siguen la sustitución de especies (venta de tilapia como pargo rojo), la manipulación y el robo simple.

Mientras tanto, los riesgos para el bienestar humano que entrañan algunos fraudes relacionados con los productos del mar son evidentes, ya que algunos pescados plantean riesgos si se comen crudos, y la recongelación de los mismos aumenta el riesgo de crecimiento bacteriano.

La escala global del consumo de pescado (que incluye más de 12 000 especies), la diversidad de tipos de fraude y la falta de definiciones legales o regulatorias estandarizadas, hacen que sea difícil realizar estimaciones globales, pero existen formas novedosas de enfrentar este flagelo.

Las pruebas de laboratorio avanzadas pueden ser eficaces para identificar sustancias, pero el acceso a estos métodos es limitado.

Mientras tanto, el informe muestra que la fluorescencia de rayos X portátiles y los modelos de aprendizaje automático son innovaciones que podrían ayudar a reducir el fraude y hacer que las regulaciones sean más aplicables.

Para acabar con el fraude pesquero, el nuevo informe aboga por requisitos de etiquetado armonizados, inclusión obligatoria de nombres científicos cuando sea posible y mejores sistemas de trazabilidad.

Dada su complejidad, identificar el delito no es sencillo, pero el informe explica cómo los avances científicos pueden contribuir a combatir el fraude.

Así, hasta ahora ha resultado difícil encontrar un método estándar para determinar si un producto de marisco ha sido congelado y cuántas veces, pero las diferencias en la composición de ácidos grasos de los peces silvestres y de cultivo pueden usarse para detectar fraudes.

También se pueden evaluar las relaciones de carbono y nitrógeno para determinar el origen geográfico de las principales especies comerciales de peces.

La prevención y la aplicación de la ley son fundamentales para reducir y, en última instancia, eliminar el fraude pesquero y de todos los alimentos, según el informe, que analizó esfuerzos en casos en Argentina, Italia y Estados Unidos.

Una investigación que utilizó códigos de barras de ADN para evaluar la magnitud del etiquetado incorrecto en Los Ángeles (Estados Unidos), reveló que, si bien es bastante bajo en las plantas procesadoras, es moderado en los supermercados y particularmente frecuente en los restaurantes de sushi.

La FAO y la Comisión del Codex Alimentarius, el organismo internacional de normas alimentarias, trabajan para endurecer las normas internacionales para combatir el fraude alimentario. La FAO ofrece apoyo técnico a los países miembros que necesitan reforzar sus capacidades de prueba.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *